Tres verdades incómodas sobre su pensión (y la mía)

Tres verdades incómodas sobre su pensión (y la mía)

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Es un hecho constatado por distintas encuestas que el interés por la política ha aumentado en España, y es lógico. Partidos emergentes, mucha indignación en todas partes y mucho acuerdo en el diagnóstico de los problemas, repetido una y otra vez con entusiasmo mesiánico. Ya sabemos lo que pasa pero, ¿ahora qué hacemos?

Como suele ocurrir, es en las soluciones donde discrepamos, especialmente si las propone “el contrario” (es decir, cualquier otro que no es de nuestro partido), sin necesidad de escucharlas, leerlas o mucho menos analizarlas. Ignorarlo todo si no es idea nuestra es muy económico en términos de esfuerzo personal, pero está muy lejos de ser lo óptimo. Como en el caso de las pensiones. Que se acaban.

Es importante recordar que la Seguridad Social actual es un modelo con grandes posibilidades de no ser sostenible. Después de distintos cambios en su historia, su última encarnación apareció en 1995, con el Pacto de Toledo. Dicho pacto sigue sin contemplar el escenario actual, definido por tres amenazas ocurriendo al mismo tiempo:

    1) La población es más y más longeva. Somos el sexto país más longevo del mundo, con 81,1 años de media.

    2) La natalidad se está reduciendo. Somos el 182º país del mundo en natalidad, con una fecundidad de 1,33 (inferior a 2, que garantiza el mantenimiento).

    3) El empleo no se recupera. Seguimos teniendo un 19,5% de desempleo declarado.

Por separado no son preocupantes. Juntas, pueden ser letales para el sistema tal y como está planteado: Si cada año que pasa se gasta más de lo que se ingresa, hay que echar mano de la hucha, que para eso se creó. En 2011 teníamos 66.000 millones en el Fondo de Reserva, hoy tenemos 24.000. Y si la tendencia no revierte, en menos de dos años no quedará nada.

Pero no se alarmen (demasiado): Este escenario de tipos cero nos garantiza que siempre habrá alguien que nos preste algo más, y sigamos tirando la pelota unos metros más adelante. ¿Hasta cuándo? Hasta que la inflación suba y tengamos unos cuantos años en que las pensiones suban menos que la inflación, para que la hucha se llene de nuevo. Si además la recuperación continúa (ojalá), habrá más gente trabajando y con ello más cotizantes. Perfecto.

Este es el plan real de nuestros políticos, por desgracia. Además de propuestas creativas como hacer cotizar a los cajeros automáticos a la seguridad social, es el tercer punto donde realmente hay que incidir: La creación de empleo y el aumento de los salarios son las únicas dos palancas con las que cuentan los políticos para hacer el sistema sostenible, más allá de ir retrasando la edad de jubilación. En mi opinión, retrasar la edad de jubilación es una medida “de lujo”, mientras que poner el foco en el empleo y los salarios son medidas “de subsistencia”. Nadie puede contra la pirámide demográfica.

Por lo que hemos visto, el ritmo en la creación de empleo no es suficiente para compensar el ritmo de jubilaciones, por lo que es necesario actuar ya y no confiar únicamente en el endeudamiento. España es longeva y poco fecunda, y como se ha visto abrir la mano a la inmigración no ha solucionado el problema. Yo no tendré pensión, probablemente, ni cuento con ella. ¿Y usted? Según su edad, cuanto más joven sea menos probabilidades tiene.

¿Qué hacer al respecto? Desde un punto de vista siempre independiente, la respuesta que damos es siempre la misma: Ahorrar e invertir. Y empezar hoy. No para obtener cacerolas (por las que han de tributar) o desgravaciones dudosas: Para acumular un patrimonio que genere rentas y que éstas complementen una pensión que, si el modelo no cambia, será muy triste.

¿Y cómo hacerlo? El primer paso es recibir asesoramiento financiero independiente. Permítanme una cuña comercial que hago extensiva a todo nuestro sector: Sólo puede recibir un asesoramiento experto y 100% alineado con lo que a usted le interesa cuando nadie trata de venderle nada, salvo ese servicio. Las inversiones no acaban en un plan de pensiones (de hecho, no nos gustan), las inversiones están en la economía real, generando rentabilidades a partir de un 3%. El resto, su pensión y la mía, es cosa de los políticos.

Artículo de opinión para la revista Valencia Plaza.

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