La reflexión sobre lo bueno

La reflexión sobre lo bueno

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Tuve la suerte de participar el otro día en una tertulia filosófica o humanística en la que se trataron aspectos relacionados con el concepto de amistad. No se trata de reproducir aquí el contenido de la misma pues fue larga, pero se abordó un tema que me pareció tremendamente interesante y quería trasladároslo para vuestra consideración: la reflexión sobre lo bueno.

En el principio de dicha tertulia se consideró la influencia del concepto de amistad en la política y en la economía. Aristóteles, Platón, Cicerón, Rousseau, Hobbes, Lewis, Chesterton, Marx, Adam Smith… fueron apareciendo en el debate uno a uno explicando su posición al respecto para terminar constatando que, efectivamente el concepto filosófico de amistad, que en realidad es hablar de las relaciones interpersonales, tiene una influencia enorme en las principales instituciones que conforman nuestro ordenamiento jurídico y económico. La familia, la política y la religión se ven especialmente influenciadas según cuál sea el concepto que aplique.

Si la amistad es “benevolencia recíproca” no es lo mismo que si “el hombre es un lobo para el hombre” esto suena hasta evidente.

¿Qué consecuencias tiene esto desde el punto de vista económico?  Si prima el relativismo y el individualismo el otro puede ser un medio, o un obstáculo, o un recurso productivo, pero no un fin en sí mismo.

Cada corriente filosófica esgrime unos argumentos, y termina con unas conclusiones. Uno podrá estar más o menos de acuerdo con lo que decía Adam Smith o con lo que decía Hobbes; con la visión de Tomas de Aquino o con la de Freud. Lo que sí que está claro es que todos comparten una cuestión en común: eran tipos que pensaban, y mucho.

Este es la reflexión que me hice y que quería compartir con este mini artículo de blog. Qué importante es pararse a reflexionar y qué consecuencias tan importantes tiene…

Decía Chesterton que el problema de fondo es que nos habíamos olvidado de reflexionar acerca de lo bueno.

Vivimos en un universo musicalizado, apenas el silencio tiene espacio o tiempo y así es muy difícil reflexionar. Pues bien, si queremos dirigir correctamente nuestras empresas, ser justos en nuestras decisiones, incrementar los aciertos y reducir los errores, no nos queda otra: hay que pensar, y se piensa en silencio.

Por cierto, yo me quedo con la reflexión de Chesterton: el problema es que hemos dejado de reflexionar sobre qué es lo bueno y las consecuencias de esto pueden ser enormes.

Ahí os dejo pedaleando…

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