La guerra por el control del petróleo

La guerra por el control del petróleo

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¿Se podría decir que el petróleo vive hoy una de sus mayores crisis? Si no es así, desde luego, se podría afirmar que está en el centro de un gran conflicto económico internacional de intereses. El petróleo no es sólo un combustible. Muchos productos de nuestra rutina diaria, desde perfumes a detergentes, pasando por fertilizantes a plásticos se obtienen de sus derivados.

El mundo produce unos 100 millones de barriles de petróleo al día. De ellos, casi la mitad los produce la OPEP, lo cual otorga a esta organización el inmenso poder de influir sobre los principales indicadores de la economía mundial; inflación, márgenes, crecimiento, todos ,en parte, dependen del precio del petróleo.

En este contexto, el conflicto surge en dos frentes. De un lado, EEUU está avanzando hacia una mayor autonomía energéticagracias a sus enormes inversiones en las nuevas técnicas de extracción, entre ellas el fracking, lo que altera el perpetuo pulso global por el poder.

Del otro, la tendencia global hacia la electrificación del transporte condiciona una de las mayores industrias del planeta,con un extra: es un sector regulado. Esto provoca que las distintas ideologías entren en pugna por apuntarse el tanto de la ‘descarbonización’, sin tener en cuenta que un mundo de coches eléctricos no puede imponerse a las bravas.Veamos por qué.

En primer lugar, no es ecológico.Puede sonar extraño, pero es el principal problema de los coches eléctricos. La extracción del níquel y el litio es altamente tóxica pero altamente rentable, así que los conflictos están servidos.

En segundo lugar, a día de hoy no hay forma segura de reciclar las baterías que más adopción tienen, las de ión-litio.Serían enormes baterías de este tipo las que se usarían. ¿Qué hacemos con ellas después?

Una forma creativa, pero no extrapolable, es la que usa el estadio del Ajax de Amsterdam: Con ciento cuarenta y ocho baterías del Nissan Leafalimentan el estadio, almacenando la energía obtenida mediante paneles solares. Pero no es una solución escalable, así que podríamos encontrarnos con un monumental problema medioambiental si el regulador no es prudente.

Por último, no es ético. Aunque este punto también podría producir extrañeza, no podemos dejar de recordar que el componente fundamental de las baterías es el cobalto, altamente tóxico. Si más de la mitad del cobalto lo produce el Congo, uno de los países más pobres del mundo, cabría preguntarse cómo lo hace.Según múltiples y constantes denuncias, a costa de la explotación infantil. Se están haciendo grandes esfuerzos en trazar el origen del material para evitar las malas prácticas, pero aún no estamos preparados.

Es por esto que cualquier regulación en esta dirección ha de ser necesariamente prudente, ya que una avalancha de medida de presión sobre los países productores puede resultar en más daño que bien y devenir ,incluso , en pérdida de vidas. Y es por esto también, que la guerra por el control del petróleo está servida y durará. Durará décadas, por lo que nos conviene que el pulso sea lo más equilibrado posible. Se evitarán así episodios globales de crisis en un entorno de fin de ciclo económico como el que vivimos.

 

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